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MEXICO
'Privilegios, sólo el de ser mexicano', afirma Meade

“Estamos de lado de las víctimas, no de los victimarios”, dijo al quedar registrado como precandidato del PRI a la Presidencia de la República

Agencias
ELHEROICO.COM
04 de diciembre de 2017
Ciudad de México

En medio de un acto multitudinario en la sede nacional del PRI, José Antonio Meade quedó ayer registrado formalmente como precandidato de ese partido a la Presidencia de la República en 2018.

Luego, el exsecretario de Hacienda, en 29 minutos y 24 segundos, hizo un bosquejo de lo que serán sus propuestas de campaña, poniendo el acento en el tema de la corrupción:

“Habrá un combate frontal y definitivo a la corrupción. Ni un solo peso al margen de la ley. Ningún privilegio más que el de ser mexicano”, sostuvo.

Y en materia de seguridad, dijo: “Estamos de lado de las víctimas, no de los victimarios. Tenemos que anteponer la paz al conflicto y consolidar una cultura de respeto a la ley”.

Rechazó la idea de que el país se tiene que reinventar cada seis años.

“Apostamos por la experiencia y no por la ocurrencia”, agregó el precandidato.

Meade ofrece combatir corrupción

Promete que, de llegar a la Presidencia, no se ejercerá “ni un solo peso al margen de la ley”; reconoce a Peña Nieto como “arquitecto del cambio”.

Una hora caminando sobre una alfombra roja —recibiendo abrazos, bendiciones, besos, jaloneos y tomándose muchas, muchas selfies—, no bastó para que el priismo nacional hiciera sentir a José Antonio Meade, como en casa, como uno de los suyos, a quien le entregaron su confianza de que los mantendrá en el poder, en la Presidencia de México.

Aceptado e inscrito formalmente como precandidato del PRI a la Presidencia de México para 2018, en 29 minutos y 24 segundos, Meade —siempre sonriente, ligero, de traje pero sin corbata— hizo un bosquejo de lo que serán sus propuestas de campaña, poniendo el acento en el tema de la corrupción:

“Habrá un combate frontal y definitivo a la corrupción. Ni un solo peso al margen de la ley. Ningún privilegio más que el de ser mexicano”, sostuvo.

Desde el atril con el logotipo del PRI al frente —que es totalmente distinto al color plateado que habitualmente han usado en este sexenio—, Meade, apoyándose en su esposa, la economista y pintora Juana Cuevas, hizo un amplio reconocimiento a las reformas estructurales impulsadas por el presidente Enrique Peña Nieto, a quien llamó “arquitecto del cambio”.

El cambio de reformas que esperaron por décadas para concretarse, dijo Meade “se dio bajo la conducción de un mexicano con temple, valentía y gran amor a México, el presidente Enrique Peña Nieto”.

Apenas había terminado de decir el nombre del jefe del Ejecutivo —que le dio chamba en tres secretarias: Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y Hacienda—, la explanada de la sede nacional del PRI, repleta, tronó en vítores para el mandatario y su apellido retumbó como un cañonazo: “¡Pe-ña, Pe-ña, Pe-ña!”.

Meade aprovechó el foro de su inscripción y la atención de miles de priistas que llegaron de todos los rincones del país —estaban ahí los campesinos de Los Altos de Chiapas con todo y su chuj, y las mujeres del istmo de Tehuantepec con sus hermosos vestidos de estampado multicolor y fondo negro—, para fijar su posición sobre lo que, en la víspera, desde Guerrero, capital de la amapola y el crimen, dijo Andrés Manuel López Obrador sobre su idea de amnistiar a los líderes del narcotráfico, aunque no lo mencionó:

“Estamos de lado de las víctimas, no de los victimarios. Tenemos que anteponer la paz al conflicto y consolidar una cultura de respeto a la ley. El que siembra odio, cosecha soledad”.

Antes de hacer esa declaración, aplaudida a rabiar por los priistas, enfundados casi todos en chamarras, chalecos, ponchos, abrigos, bufandas, gorras de color rojo, y luego de echarse la proclama de “Juntos vamos a ganar las elecciones de 2018. ¡Vamos a ganar!”, que se multiplicó estruendosamente en las gargantas de los priistas eufóricos y conectados ya con la retórica de Meade, éste dijo:

“Vamos a transformar. Acabemos de una vez por todas con la idea de que este país se tiene que reinventar cada seis años. No hay que demolerlo todo, no hay que cambiarlo todo, no hay que inventarlo todo.

“Apostamos por la experiencia y no por la ocurrencia; por el conocimiento y no por el enfrentamiento; por la preparación y no por la improvisación. En los programas, no en los caprichos. En las instituciones y en la ley, y no en las profecías. Las revelaciones no pueden sustituir el esfuerzo, la preparación y el trabajo. Creemos en el hambre de servicio, no en el hambre de poder”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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