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CIENCIA Y TECNO
Pequeños jardines o huertas urbanas contribuyen contra el cambio climático

No es necesario pensar en grande para ayudar al medio ambiente: incluso unas pequeñas arboledas pueden mejorar la calidad del aire y la temperatura

Agencias
ELHEROICO.COM
20 de octubre de 2020
Jerusalem, Israel

En medio de la crisis por la pandemia de COVID-19, un tema tan candente como el cambio climático ha quedado algo relegado pero por suerte hay algunas noticias positivas sobre este fenómeno que pone en jaque el futuro del planeta: incluso las pequeñas arboledas en un jardín o en los parques de las ciudades ayudan a combatir los efectos del aumento de las temperaturas, la sequía y los gases de efecto invernadero.

El investigador palestino Rafat Qubaja, que tiene un doctorado del Instituto Weizmann de Ciencia escribió en un artículo de próxima publicación que “los huertos urbanos y los espacios verdes pueden contribuir a una variedad de servicios ecosistémicos”.

Esos «servicios» incluyen el almacenamiento de carbono, la reducción de la contaminación del aire, la regulación del microclima urbano, el enfriamiento y la sombra, la retención del agua de lluvia y la humedad del suelo, la recarga de las aguas subterráneas y más.

Qubaja, padre de cuatro hijos de 42 años del pueblo Tarqumiyah bajo la Autoridad Palestina, obtuvo su doctorado en el Instituto Weizmann por su novedoso trabajo sobre la medición de la cantidad de agua y carbono que los árboles absorben del medio ambiente.

El investigador comenzó sus experimentos en el campus de suelo arenoso del instituto en Rehovot en el que el 1976 se plantaron diez hectáreas de árboles de cítricos.

Al rastrear el intercambio de agua y carbono entre el aire y las hojas, Qubaja demostró que los pequeños huertos de cítricos no comerciales, que reciben un riego mínimo, pueden absorber alrededor de 65 kilos anuales de carbono por cada mil metros cuadrados anualmente.

El bosque más seco y cálido del mundo

“El pionero en este campo es el profesor Dan Yakir”, contó Qubaja, que se refirió al científico del Weizmann a quien considera como un “querido mentor”, “segundo padre” y amigo de la familia.

Uno de los otros “protegidos notables” de Yakir es Tamir Klein, investigador principal del Laboratorio de Árboles del Instituto Weizmann, que se especializa en silvicultura de tierras secas.

En 2019 Yakir obtuvo el Premio Israel de Investigación en Geología, Ciencias de la Tierra y Ciencias Atmosféricas en reconocimiento a sus innovadores conocimientos sobre el impacto de los bosques semiáridos en el clima global. “Esto es poco conocido por los científicos”, le dijo Qubaja a ISRAEL21c.

El científico remarcó que “no hay muchos datos de medición sobre el flujo de gases que flotan entre la biosfera aquí en la Tierra y la atmósfera que nos rodea y por ello la escasez de datos es más aguda con respecto a las tierras secas”. “Estoy haciendo mi postdoctorado con Dan sobre estos temas. Comencé mis experimentos en 2014 en el huerto del Weizmann y en el bosque de Yatir, el bosque creado por humanos más grande de Israel”, añadió.

“Yatir es muy importante porque es el bosque más seco y cálido del mundo. Estamos tratando de comprender los efectos del cambio climático y Yatir está unos pasos por delante porque muestra cómo serán las condiciones en el futuro”, describió.

Hace cerca de 20 años, Yakir estableció una estación de investigación en Yatir en la que él y sus colegas utilizan el bosque como modelo para comprender cómo las plantas influyen en el medio ambiente y el clima, y ??cómo los árboles se adaptan a los factores de estrés ambiental como la contaminación del aire, las olas de calor y las sequías.

Uno de los estudios recientes de su laboratorio sugiere que la plantación de bosques semiáridos en dos áreas previamente desatendidas de África y Australia podría contrarrestar radicalmente el calentamiento global inducido por el hombre.

Qubaja fue el autor principal de cuatro artículos publicados por el grupo de Yakir. Un estudio describe cómo los bosques en las regiones semiáridas se protegen de la deshidratación del verano al absorber la humedad excepcionalmente bien de la atmósfera. Esta capacidad también hace que los árboles sean buenos para absorber y almacenar dióxido de carbono atmosférico.

Los bosques semiáridos almacenan el 70 por ciento de su carbono bajo tierra y este permanece allí durante un promedio de 59 años, a diferencia de los 18 años en los bosques templados. Aproximadamente el 18 por ciento de la masa terrestre de la Tierra es semiárida, y, si el 20 por ciento estuviera cubierto de bosques, atraparía y almacenaría mil millones de toneladas de carbono cada año.

“Eso podría no ser suficiente para salvar el planeta pero haría una significativa contribución para mitigar el cambio climático”, explicó Qubaja.

Las pequeñas acciones marcan una gran diferencia

Para su investigación postdoctoral, Qubaja inventó herramientas para cuantificar el “secuestro” de carbono (cómo los árboles capturan y almacenan el dióxido de carbono atmosférico) en una escala mucho menor que en un bosque.

“Esto se suele medir a gran escala. Mensurar el nivel en lugares urbanos es un gran desafío, por lo que tuvimos que idear nuestros propios métodos”, destacó.

Lo que Qubaja halló es que incluso las pequeñas arboledas “secuestran” una cantidad significativa de carbono y agua del medio ambiente.

“Muchas ciudades, como París y Londres, ya comprenden la capacidad de los árboles para atrapar y ‘secuestrar’ carbono, filtrándolo junto a otros materiales de la atmósfera. Cada vez se reconoce más que las plantaciones urbanas están íntimamente ligadas a los procesos biogeoquímicos que gobiernan el carbono, el agua y otros materiales del medio ambiente”, afirmó.

La investigación demostró cuánto pueden contribuir los huertos urbanos e incluso los jardines traseros a los objetivos ecológicos. “Además promueven la salud física y mental, la conexión con la naturaleza y mejoran las relaciones sociales y la educación”, indicó Qubaja.

Aunque el cambio climático es una gran amenaza, las pequeñas acciones como plantar algunos árboles pueden marcar la diferencia. “Es muy importante saber que los huertos familiares son útiles en este esfuerzo por capturar carbono de la atmósfera y disminuir la temperatura”, manifestó.

El investigador espera que sus resultados ayuden a los planificadores y administradores de espacios verdes urbanos a comprender mejor cómo aprovechar los talentos naturales de los árboles para la conservación y la ecología.

Respecto a su trabajo inmediato, Qubaja contó: “Estaremos haciendo un experimento a largo plazo en muchos bosques diferentes de Israel, también en áreas donde hay más precipitaciones”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
 
 
 
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